EL RASTRO DE UN AMOR FALSAMENTE CORRESPONDIDO


Fue una de las primeras semanas de agosto de 2013, me encontraba concentrada en mi Maestría, sentía que ya había superado la ruptura con mi ex. Cierto día me escribió por chat quien había sido mi profesor de literatura durante mi último semestre de universidad. En el mensaje me saludaba y me hacía preguntas insinuadoras. Yo no le puse mucha atención porque él siempre andaba cayéndole a todas las mujeres, yo lo veía como el típico escritor mujeriego, además no me gustaba ni un poquito. Yo sólo me reí.
Pasaron los días y él siguió escribiéndome, me pidió mi número de celular y yo se lo di, no le di mucha trascendencia al hecho porque estábamos en dos ciudades bien distantes, casi que a 24 horas de trayecto en bus, así que pensé que todo era un juego. Un día estando en el trabajo, recibí una llamada de él, me dijo que si yo sería capaz de casarme con él, yo sin pensarlo le respondí que sí. En ese momento para mí todo era un juego, parece que para él no. Me dijo que iba a pensar bien las cosas, yo no entendí bien qué cosas, desde ahí empezó a enviarme canciones y mensajes de amor.
Una semana después me escribió diciéndome que tenía la vida muy enredada, que no podía estar conmigo porque presuntamente había embarazado a una mujer. A mi me molestó mucho esa actitud porque pensé que era un pretexto para dejar todo ahí. Sin embargo, como Cupido me había dado espera y todavía yo no lo quería; me alejé, no le respondí absolutamente nada. Pasaron como cuatro o cinco días y apareció diciendo que eso era un chiste para ver mi reacción, que lo de la mujer embarazada era falso. De ahí en adelante empezó a enamorarme de forma decidida y resuelta hasta que acepté ser su novia.
Ese noviazgo se consolidó un mes después cuando por cuestiones de trabajo tuve que viajar a mi ciudad natal. El día que llegué, él estaba esperándome en el aeropuerto, ese gesto logró conmoverme muchísimo, quedé encantada porque fue una sorpresa. Ese día nos besamos por primera vez, él me llevó en su carro hasta la ciudad donde yo tenía mi compromiso. Al día siguiente me acompañó hasta el aeropuerto. De ahí en adelante empezó a consolidarse la relación. Él viajó un par de veces a Bogotá y se quedó en el apartamento donde yo vivía, empezamos a conocernos.
Me enamoré de él por su inteligencia, teníamos conversaciones muy académicas e interesantes. Cada conversación con él era como leer un libro. Yo siempre he estado obsesionada con el intelecto y él representaba para mí la posibilidad de estar cerca de alguien capaz de aportarle mucho a mi formación cultural. A los dos nos encanta el vallenato y la literatura, eso también nos unió. Sin embargo, había algo que no me enamoraba: me parecía un hombre frío, seco, falto de cariño, de  amor, de ternura. Ahora comprendo mejor por qué él era así, leí mucho sobre su infancia.
En diciembre de ese año viajé donde mi familia. Él también vivía en esa ciudad, y yo estaba realmente emocionada pensando en la posibilidad de tenerlo cerca durante algún tiempo. Ya teníamos cinco meses de relación, era hasta ese momento mi relación más larga y estable. Los primeros días la pasamos muy bien, salíamos a comer, yo alcancé a presentarle algunos de mis amigos, recorrimos la ciudad. En fin, estuvimos en plan de enamorados.
El 15 de diciembre la historia tomó un giro inesperado. Él me dijo que iba a pasar unos días con su familia, a mí me pareció extraño, pero no dije nada. Cuando volvió nos encontramos, fuimos a pasear a la playa, allá terminamos peleados porque yo no quise ceder a sus manipulaciones, ya había empezado a imponer sus condiciones. Ese día me dejó botada en un pueblo, yo busqué la manera de regresarme hasta mi casa en un bus. Se desapareció durante varios días, no me llamó ni me escribió. Apareció el 25 de diciembre con una historia que me dejaría en shock.
Me envió un mensaje a Facebook en el que me decía que tenía una mujer embarazada y a punto de darle un hijo. Todavía recuerdo el impacto tan fuerte que sentí al leer ese mensaje, quedé fuera de mí misma. En ese momento yo estaba asesorando el trabajo de grado de unas amigas, y perdí la concentración casi que por completo. Sentí unas inmensas ganas de llorar que reprimí porque no quería que mis amigas me vieran en ese estado. Decidí irme para mi casa en busca de un espacio privado que me permitiera liberar todo el dolor acumulado en mi corazón. Sin embargo, allá tampoco pude desahogarme porque estaban mis papás y ellos no podían saber nada de esa relación. Le conté a mi hermana gemela lo que había ocurrido. Ella siempre ha sido mi confidente y trató de entenderme.
Esos últimos días del año transité por un dolor enorme, le envié un mensaje y una canción de despedida, y lo borré de mis contactos inmediatamente. Nunca lo llamé ni le escribí, asumí mi dolor con una madurez y con una fuerza interior enorme, estuve muy triste, decepcionada, deprimida. Estaba convencida de que todo había acabado y que tenía que vivir y superar esa crisis.
Los primeros días de enero decidí volver a Bogotá, pero antes llegué a Medellín a visitar una amiga. El día que viajé recibí una llamada de él, afortunadamente no la pude contestar porque dejé el celular en la casa. Habló con mi hermana y le preguntó por mí. Esa llamada me dejó sin fuerzas, yo la asumí como señal de que quería saber de mí, que no podía seguir sin mí. Sin embargo, él estaba en medio de una confusión enorme, no sabía ni qué quería. Yo le escribí y empezamos a hablar, no recuerdo ya de qué hablamos, sólo sé que a raíz de ese contacto yo perdí mi fuerza de voluntad y llegué al punto de proponerle que en nombre del “amor”, estaba dispuesta a perdonarlo y a seguir con la relación a pesar de su engaño. No puedo creer que yo haya sido capaz de llegar a ese nivel de humillación, me perdono porque en ese momento era lo único que podía hacer, no contaba con ningún recurso emocional para actuar de otro modo.
Mi mensaje lo sacó un poco de la confusión, a partir de ahí logró sincerarse y decirme que no era capaz de continuar conmigo porque sentía que todavía quería a la mujer con la que había convivido los últimos diez años de su vida y de la que se había separado hacía menos de un año. Para superar esa ruptura, se había ido a vivir con otra mujer con la que vivió menos de cinco meses y que resultó embarazada de él. Entonces se encontraba amando a la primera exmujer, emproblemado con la segunda, y tratando de estar conmigo sin ningún compromiso emocional.
Fue aterrador para mi verme en medio de ese cuarteto amoroso tan caótico. Lloré desconsolada un par de días pero luego me levanté, saqué fuerzas de mi corazón, recogí la dignidad que me quedaba y decidí retomar mi vida. No quise continuar hablando con él, me dediqué por completo a buscar empleo y a leer mis libros favoritos. Lo eliminé de mis redes y de mi teléfono. Él quedó impactado al ver mi actitud y empezó a buscarme una y otra vez, me llamaba borracho, amanecido, desesperado. Yo a veces le respondía, a veces no. Centré todos mis esfuerzos en sacarlo de mi corazón.
Sin embargo, no cerré bien todas las puertas, dejé alguna abierta porque él siguió llamándome durante un año. Yo hablaba con él, una o dos veces nos encontramos de forma casual, pero nunca más hablamos de amor. Él tenía una obsesión sexual conmigo y eso lo mantenía cerca. Yo lo dejé de amar rápidamente, le hacía desprecios y lo trataba mal, pero él mantuvo su obsesión por lo menos durante los dos años siguientes. Yo lo dejé de querer y fue para siempre.
Como pueden ver, esta historia es diferente a las anteriores, sobre todo porque aquí no hubo dependencia, no entiendo por qué, pero sé que fue algo doloroso que logré superar rápidamente. Nunca sentí que lo necesitaba para vivir. Al contrario, luego de la ruptura sentí una fuerza enorme para salir de allí rápidamente. Ahora recuerdo esa relación como el único vínculo “sano” que he tenido, o por lo menos, el menos tóxico para mí. Él era un hombre muy tóxico pero yo logré liberarme de ese mal amor. 


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